Vietnam: breve vistazo a su cocina

Mi primer encuentro con la gastronomía vietnamita fue el mismo día de mi llegada al país, a eso de las ocho de la mañana. Teníamos hambre (bastante) y ganas desayunar algo con reminiscencias occidentales, pero un barcito donde ofrecían “patisserie” nos espantó por sus precios. Así que no nos quedó más remedio que seguir buscando. Pronto encontramos una cafetería vietnamita, con sillas de tamaño “normal” (no con banquetitas tipo camping) y con dos grandes peceras ubicadas a cada costado de la puerta.Entramos y pedí café con leche y “noodle soup” (en oriente,  un desayuno habitual). Para nuestra sorpresa, el café venía con hielo y leche condensada, ya que es así como se sirve en la mayoría de los lugares (el “café con leche estilo clásico” hay que pedirlo especialmente). Y los tallarines tenían también algo diferente al resto de los que había probado en otros países asiáticos: un toque suave de limón y alguna hierba que resultó ser coriantro.

¿Qué comer en Vietnam?

En Vietnam, comer es muy barato. Dos dólares y medio es lo que cuesta un plato en un restaurante “económico”. Por menos, se puede almorzar en algún comedero con sillitas en la vereda y  por la suma de seis o diez dólares, se puede cenar en lugares caros, escuchando de fondo las conversaciones de los turistas occidentales.

La comida vietnamita es, en apariencia, similar a otras orientales: está cortada en trozos pequeños para que pueda ser tomada con los palitos, y el arroz y los tallarines acompañan  cada plato. Sin embargo, como ya mencioné anteriormente, hay un toque distintivo y es el sabor fresco y el aire liviano que le dan el limón y el coriantro. Además, parece que (al menos a simple vista) los platos no son picantes: cada vez que preguntaba si algo era picante, me respondían que no, pero que si quería me lo podían preparar especialmente.

La influencia de los franceses es otra de las características en la cocina de Vietnam. Las baguettes son moneda corriente y se venden en puestitos de la calle.  Además, hay panaderías, donde se pueden conseguir facturas y medialunas de manteca (medialunas-medialunas verdaderas, como las que hay en Argentina,  y no esa cosa llamada croissant que está llena de grasa y se deshace toda. Fue la primera vez en casi dos años que pude encontrar una medialuna de “de-veras”, por eso pido disculpas si la emoción me desborda).

 

Las frutas también son una parte importante de la dieta de los vietnamitas y se venden en todas partes. Lo más común es ver mujeres que las cargan en una gran “balanza de la justicia” (no sé realmente como se llaman esos cargadores). El problema es que estas justicias no son precisamente ciegas, y si ven que uno es turista, suben el precio de la fruta a valores de euro, y regatear se hace difícil. Las frutas más comunes que se pueden ver (estoy hablando del verano) son en su mayoría exóticas y excéntricas: bananas, fuego de dragón,  durianes y  liches.

¿Dónde comer en Vietnam?

En Vietnam, se puede comer en todas partes, pero las protagonistas son las veredas. La mayoría de los comederitos tiene la costumbre de instalar mesitas y sillas diminutas en las aceras y, cuando se les acaban, no tienen problemas en colocar un mantel en el suelo y hacer que los comensales se sienten en el piso.

El desayuno es una de las comidas más importantes del día, y por eso se come bien (“comen comida” diríamos aquí). Esto significa que, entre las siete y las ocho, todas las veredas y todas las esquinas se van a llenar de gente sentada, por lo que  la circulación se complica bastante.

La segunda hora pico de la comida está entre las seis y las ocho de la noche, otro momento en el que se  hace imposible circular.  Sin embargo, las cenas funcionan como horas de descanso y reunión: si en el desayuno la gente está “apurada” para irse, a la noche los comensales se muestran más relajados y con más ganas de conversar.

Entre comidas, existe la costumbre de los refrigerios. Y para eso, hay puestitos en todas partes. Ahi sirven frutas y cosas que parecen gelatinas. Al calor de las calles de verano, se ven muy refrescantes, aunque no tuve el agrado de probar ninguno.

Para los que se niegan a las comidas orientales, Vietnam tiene muchos lugares donde la gastronomía occidental se puede degustar sin que le duela mucho al bolsillo. Por casualidad, encontramos un lugar, muy de turista, donde todos los clientes eran extranjeros y además, quien  quisiera podía degustar un rico vino Malbec.

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