Viajar de Bogotá a Medellín en bus: crónica de un viaje interminable de una sola foto

Viajar de Bogotá a Medellín

La geografía accidentada de Colombia hace que viajar de Bogotá a Medellín en bus se convierta en un viaje interminable.  La distancia entre las ciudades, 419 Km según los mapas del buscador, hacen que este recorrido no parezca muy difícil de hacer en bus. Además, siempre es interesante conocer un poco más del país. Sin embargo, los buscadores también vienen con advertencia, y en este caso era el tiempo de recorrido: ocho horas en coche.

De todas maneras, decidimos arriesgarnos y – a las diez de la mañana- estábamos de pie en la terminal de Bogotá, listos para ir a Medellín, y sin mayores problemas para conseguir pasajes, en una empresa que anunciaba un recorrido de diez horas.

Montaña, valle  y otra vez la montaña

El viaje en bus comenzó bien, con un video de un señor contando chistes sobre el matrimonio que -al final- terminó siendo un predicador evangélico que nos recordaba incesablemente la importancia de la familia unida.

Una vez salidos de Bogotá, y finalizada la arenga entre maridos y esposas, entramos en un área bastante montañosa y sinuosa, por lo que al conductor del bus no le quedaba otra que ir a cuarenta por hora. La lentitud del camino, hizo que viajara algo adormecida, contara ovejas y calculara cocientes de horas/distancia/horas. El bus paraba a veces, para bajar y subir pasajeros, pero dadas las condiciones del camino mucho más no podía hacer.

¡Por fin el valle y los hipopótamos!

El valle asomó casi imperceptible, entre las dos y las tres de la tarde. ¡Por fin una ruta normal!, pensé, a pesar de la relatividad que puede tener el vocablo normal. Ahora, el colectivo parecía avanzar y eso me dio una luz de esperanza de poder llegar más o menos a las ocho de la noche y conocer algo de Medellín.

En el medio del camino, subió un vendedor ambulante. Fuera del valle, ésto hubiera sido imposible por la sinuosidad del camino. El hombre tenía su historia, y decía que en realidad no era un vendedor ambulante sino un viajante de comercio, a quien habían dejado en banda con una mercadería que no pudo entregar, por cierre súbito del negocio del comprador. Verdadera o falsa, su historia le valió unas buenas ventas.

Casi a las cuatro de la tarde, el bus se detuvo -por fin- en un parador para comer. Lo primero que se notaba al bajar, era la diferencia de temperatura con Bogotá, con un calor seco de unos treinta grados. Comimos unas arepas con queso fresco y aprovechamos para aprovisionarnos para el resto del viaje. Cuatro o cinco horas más no se veían como un lapso de tiempo muy grande, pero dadas las condiciones, era imposible saber cuando el bus pararía nuevamente.

En ese parador, tomé el único testimonio fotográfico de todo el viaje: este lindo hipopótamo…. Lo dejo como recuerdo…

Viajar de Bogotá a Medellín: un hipopótamo en el medio del camino

Fin del viaje, fin

El final del viaje fue bastante más tedioso que el principio. Cuando faltaba una hora para llegar a Bogotá, el micro pareció detenerse en una caravana imposible e infinita de vehículos. Y así estuvo, a paso de tortuga, casi tres o cuatro horas, hasta que por fin, a las once de la noche, pisamos por primera vez suelo de Medellín.

La noche estaba oscura y llovía bastante.  Por unos minutos, perdimos el último metro que nos dejaba cerca del hotel. La lucha por conseguir un taxi se hizo feroz entre todos los recién llegados y por eso tuvimos que arreglar una propina con un trapito. Una vez dentro del taxi, pudimos saber a qué se debían las demoras: uno de los ríos había crecido, lo que había causado un alud en las cercanías de Medellín. La ciudad nos recibía cansados y con un poco de mala suerte.

La vuelta

Después de todo el ajetreo, como no nos quedaba mucho tiempo de viaje, decidimos volver a Bogotá en avión. Hay unos veinte vuelos diarios y varias compañías que lo hacen.

La empresa que elegimos (no contábamos con muchos días para hacer la compra con anticipaición) fue Viva Colombia y pagamos unos setenta dólares de pasaje. Avianca y Latam hacen el mismo recorrido. El vuelo fue tan breve que casi ni lo recuerdo, casi un suspiro. Todo lo contrario de lo que fue viajar de Bogotá a Medellín.

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