Una visita a Angkor Wat

Una visita a Angkor Wat

Angkor Wat es un conglomerado de templos construidos aproximadamente en el siglo XII. Es uno de esos lugares que, no sólo nos permiten adentrarnos en la cultura de un pueblo, sino que también nos hacen sentir conscientes de todo aquello que el ser humano puede dejar como legado a las generaciones posteriores. Y es que detrás de lo que se ve, hubo alguna vez un sistema de creencias y de símbolos que hizo posible esta construcción, y que aún hoy debería permanecer en los basamentos del pueblo camboyano.

En la actualidad, poco es lo que se sabe sobre los antiguos jemeres (es una materia pendiente que me queda investigar). Sin embargo, podemos intuir  algo acerca de sus concepciones sobre el espacio, tanto por la danza (insoportablemente estática para alguien que no pertenece a esa cultura), como por la disposición de sus templos: torres que miran al cielo, escaleras difíciles para subir, galerías para perderse, pasillos oscuros (¿habrán sido siempre así?), columnas, y una distancia relativamente cercana entre un templo y otro.

Y es que cuando se recorren estas ruinas, es imposible no pensar en quienes arrastraron los bloques de piedra o en quienes bosquejaron, calcularon y diseñaron la edificación original (que sabemos que no eran los mismos que allí vivieron). Ignoro que puede haber pasado por esas mentes lejanas. Sin embargo, me  es difícil imaginar a sus constructores imaginando, ni en la peor de sus distopías, a los turistas del futuro (aunque, después de todo, siempre queda espacio para una noche boca arriba).

Angkor Wat 1

Llegada a Angkor Wat: parada 1

Varias son las formas de ir desde Siem Riep hasta Angkor Wat. Las bicicletas son muy solicitadas, porque te permiten manejarte por las ruinas con cierta independencia. El otro medio es el tuk-tuk, que se puede alquilar por uno, dos o tres días (las diferentes opciones que hay para recorrer el templo). Para poder ingresar, es necesario pasar por la barrera de admisiones (que vienen con tickets con foto incluida) y pagar la tarifa. Luego, sólo queda llegar a destino.

Una visita a Angkor Wat

El tuk-tuk nos dejó en la entrada más famosa del templo, aquella que sale en todas las postales. Y aquí surgió el malentendido de la historia: para el conductor la idea era que después de recorrer esa parte del tiempo volviéramos para visitar los demás templos. Para nosotros, la idea era recorrer los templos y buscarlo al final del día. La cuestión fue que volvimos cuatro horas después y nos encontramos con un  conductor desesperado, que pensaba que los turistas se habían perdido en la selva (o peor, que habían huido sin pagarle).

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Detrás de los templos, en “Una visita a Angkor Wat”
En las escaleras, subiendo a uno de los lugares sagrados, en “Una visita a Angkor Wat”

Los lugares sagrados en Angkor Wat

Dentro de Angkor Wat, existen varios lugares sagrados. Eso significa que sólo se puede acceder a ellos con remera de manga corta o manga larga y pantalones o faldas que cubran, al menos,  la rodilla. Los lugares están estrictamente controlados (hay que hacer fila para ingresar) y la regla se cumple siempre, sin excepciones.

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Turistas suben y bajan a la parte sagrada del templo, en “Una visita a Angkor Wat”

En una de las entradas, vi a un grupo de señoras españolas que ensayaban atar pañuelos sobre sus hombros (como todavía se exige en algunas catedrales), pero su intento fue en vano: rechazadas, necesitaban camisetas. En otro de los templos, una chica coreana también fue rechazada: en este caso llevaba una camisa de manga largas (a las orientales no les gusta quemarse), pero tenía un short demasiado corto. Por eso, tuvo que quedarse esperando en la puerta del templo, mientras el novio iba sólo. El chico, subió la escalera, miró y salió enseguida.

una visita a Angkor Wat
Una visita a Angkor Wat

La selva que rodea Angkor Wat

Los templos están escondidos en el medio de la selva, conectados entre sí por redes de caminos. Se los puede transitar caminando o en bicicleta, y creo que esta opción es mejor ir por las rutas externas. No hay ningún peligro si no se sale de estos caminos, cosa que no es recomendable porque la selva se ve demasiado virgen en algunos lugares. También, entre templo y templo, se puede encontrar algún puestito o alguna persona (la mayoría está fuera, así que deben ser casi clandestinos) que vende jugo de coco o algún refresco. En esas condiciones, son más que bienvenidos, porque si bien el calor es soportable, nunca viene mal hidratarse.

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La parte selvática, en “Una visita a Angkor Wat”
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Los templos desde arriba, en “Una visita a Angkor Wat”

Las caras de luna llena

Los templos interiores de Angkor Wat están llenos de estatuas con  “cara de luna llena” (Loung Ung, la autora de First, they killed my father así los describía y señalaba que esta era una de las características de la etnia jemer).

Estos seres enigmáticos se encuentran casi en cada lugar del templo. Son misteriosos, ya que nadie sabe si ríen, si están tristes o si de hecho tienen algún tipo de sentimiento (podemos decir, salvando tiempo y distancia que son como “Monas Lisas”). Algunos son muy visibles, mientras que otros (como el de la foto de abajo) están prácticamente camuflados entre las rocas.

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Encuentre la “cara de luna llena”, en “Una visita a Angkor Wat”

 

Los habitantes del templo

Como en las historias de Mowgli, los habitantes “reales” del templo son los monos. Aunque están por todas partes, prefieren alejarse de la gente y miran todo con desconfianza. Los más tradicionales, hacen cosas típicas de monos, como despiojar a sus compañeros. Sin embargo hay otros, que sucumbiendo al encanto del capitalismo tardío, se dedican a robar Coca-colas de los puestos de bebidas. Pero eso ya es otra historia.
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Los verdaderos habitantes del templo, en “Una visita a Angkor Wat”

 

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