Un paseo por el barrio chino de La Habana

Por el barrio chino de la Habana

La Habana es una ciudad de edificios coloniales, cafeterías pequeñas, calles en proceso de reparación, coches de los años cincuenta mezclados con coches modernos y personas que utilizan el infalible sistema de comunicación “ventana a ventana”, por lo que cada tanto se escuchan gritos invocando el nombre de algún vecino. Sin embargo, en algún punto de en ese caótico micromundo habanero,  donde se mezcla algún Audi de último modelo con máquinas de trenes de medio siglo, puede aparecer de repente el portal que indica la bienvenida hacia otro micromundo: el arco de entrada hacia el barrio chino.

Portal del barrio chino de La Habana
El portal del barrio chino de La Habana

Aunque el portal luce tan o más viejo  que los edificios que lo rodean, es una construcción de apenas diez años.  El barrio que se esconde detrás acogió a inmigrantes chinos que llegaron a Cuba mucho antes de las revoluciones comunistas. Se puede intuir la data de esta migración porque los nombres de las calles están escritos en los caracteres tradicionales de mandarín, anteriores a la simplificación ortográfica llevada a cabo por el presidente Mao Zedong en la segunda mitad del siglo XX.

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Extraña calle Manrique

Llegando al barrio chino de La Habana

Cruzamos esa frontera imaginaria por la puerta de salida, donde sólo un cartel rosa nos indicaba los límites. Por su calle principal, pedregosa y curvilínea, se ven restaurantes de fachadas tradicionales que ofrecen menúes típicos de China. Sin embargo, hay más turistas chinos que se fotografían felices en esa mini-copia de su propio país que trabajadores que parezcan descendientes de los inmigrantes originales.

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Casas del barrio chino de La Habana

El barrio chino de La Habana debe ser casi uno de los pocos del mundo que no acoge nuevas generaciones de inmigrantes. Si bien las relaciones entre ambos países son buenas, hay pocos que llegan con perspectivas de quedarse para siempre: la mayoría de los chinos que llegan son estudiantes de intercambio de la universidad, turistas o personas que vienen a hacer negocios (por el embargo de Estados Unidos, los colectivos, autos, aires acondicionados u otros electrónicos son “made in China”).

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Callejuelas del barrio chino de La Habana

Por eso, este barrio chino es diferente a sus hermanos en otras ciudades del mundo: mientras en la mayoría se pueden sentir la ebullición de la China moderna, junto con esa extraña convivencia entre lo nuevo y lo viejo,  en La Habana predomina una tranquilidad que casi se puede intuir milenaria. Las callecitas de este barrio no son ni tan concurridas ni tan ruidosas como las del centro de la ciudad. En un momento, perdidos entre los vericuetos existentes entre estos edificios grises, parecía que nos encontrábamos solos en una ciudad que había sido abandonada.

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Los faroles del barrio chino de La Habana

La ilusión fue interrumpida por nuestra llegada a la calle principal, donde el Manrique escrito en caracteres se disolvió entre farolitos rojos que indicaban las ofertas especiales del día. Lamentablemente, no fuimos a ninguno de esos restaurantes, pero siempre queda la puerta -o en este caso el portal- abierto para una próxima visita.

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La salida del barrio chino de La Habana
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Una de las entradas del Barrio Chino de La Habana

 

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