Un templo de Sanhe: nuestra primera parada.

Parada en un templo de Sanhe

En el post anterior, comenté nuestro viajecito a una aldea muy tradicional de China y el recorrido que hicimos por los principales puntos de interés turístico. En este post, voy a contar uno en especial: el templo de Sanhe.
Templo de Sanhe Anhui China
Entrada al templo de Sanhe

Cuando la bici llegó al templo de Sanhe, no sabíamos exactamente donde nos estábamos deteniendo, ya que era muy difícil comunicarnos con nuestro guía. Simplemente nos dejó allí y nos hizo señas para que entráramos. Inmediatamente detrás la puerta, había dos monjes de pie. Nos guiaron hacia un altar y nos hicieron arrodillar en unas banquetitas especialmente preparadas para ello. En ese momento, nos hicieron señas para que juntáramos las manos en señal de rezo, mientras sostenían un tamborcito. Lo tocaron tres veces mientras nos inclinábamos respetuosas.

Templo de Sanhe Anhui China
Uno de los altares del templo se Sanhe

Apenas terminamos, nos paramos y allí nos señalaron una urna. Pusimos algún dinero. Un minuto después, uno de ellos me tomó de la mano y me llevó a una mesita a la izquierda, mientras el otro llevaba a mi amiga a una mesita similar, pero localizada a la derecha. Me indicó que me sentara, al tiempo que sacaba un cuadernito y lo abría. Estaba completamente escrito en chino, pero pude entender los campos principales: nombre, provincia, país. Los completé. Inmediatamente después me mostró la última columna la que -tratando de entender las primeras- no había visto: importe.

Templo de Sanhe Anhui China
El patio del templo de Sanhe


El problema  del importe era el importe mismo -que no bajaba de 300 yuanes (unos 50 dólares)- y  eso en China es mucha plata: un platito de tallarines en un restaurante barato cuesta entre 6 y 12 yuanes, una porción de chao fan, entre 5 y 10 yuanes (dependiendo de si tiene carne o verdura), y una noche en un hostel ronda los 50-60 yuanes.  

 
Templo de Sanhe Anhui China 3
Detrás del templo de Sanhe, hay “una casita”

Lo miré, con cara de gallina degollada por la sorpresa,  y le dije -en mi chino elemental- que no tenía plata. El hombre insistió. Le volví a decir -mi clamor era sincero- que no tenía tanto dinero. Era verdad. Pero bueno, insistió y le di la modesta suma de 10 yuanes (tiempo después, mi amiga me sacaría el cargo de conciencia, confesándome  la modestia de su aporte).

Templo de Sanhe Anhui China
Había una camita: no sabíamos si era decorativa o real

Después de este pequeño mangazo, nos invitaron a pasar. Detrás del altar, había otra urna para dinero que señalaron sin mucho disimulo. Tuvimos que poner algo más. Luego, paseamos un poco, sacamos unas fotos y cuando estábamos por salir, encontramos a los muchachos fumando. Tiempo después, alguien me diría que a los monjes budistas no se les permite fumar, así que me quedé con la duda sobre la autenticidad de nuestros nuevos amigos.

Templo de Sanhe Anhui China
Zapatitos para los reyes

Luego de esta experiencia, volví a entrar en varios templos, pero en ninguno me pidieron dinero de esa manera tan explícita. Algunos simplemente tienen urnas, donde las personas depositan su dinero, y hay otros que cobran entrada (generalmente no más de yuanes, salvo que sean sitios muy famosos o de mucho interés). En Fin…

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