Sanhe: historia a la que le falta la última foto

Sanhe es una aldea metida dentro de una ciudad más grande. Tiene la ridícula cantidad de 30.000 habitantes (para los estándares de China el lugar está casi vacío), aunque parecen muchos más (lo sé porque vengo de una ciudad con la misma cantidad de habitantes y parecemos un décimo de lo que ahí se veía). El casco histórico es muy bonito, sobre todo la parte del centro. Sus callecitas son angostas y empedradas, llenas de negocios pequeños y de gente que prepara distintas variedades de tés, mientras está sentada en banquetas minúsculas, hablando de la vida.

Y allí, en el corazón del casco histórico hay una casa. Una casita tradicional -mantenida así para los turistas- pero cuya visión no tiene desperdicio. Los dueños te reciben, te preguntan de dónde sos y se acuerdan del fútbol y de Messi (casi la única referencia que existe en China sobre Argentina). Enseguida te llevan a conocer la casa. Te muestran cada una de las habitaciones, mientras tratan de explicar su historia o sus funcionalidades.

El patio está ubicado en el centro de la casa y tiene en el medio un estanque con peces decorativos  (pececitos koi), aunque sospecho que en otros tiempos fueron criaturas destinadas a la sartén. De repente, de los techos a dos aguas (o en realidad a un agua porque todos están inclinados hacia el patio), cae una lluvia que -mediante un sistema disimulado de caños- llena directamente al estanque. La dueña de la casa se ríe al ver nuestras sonrisas y nuestras caras de sorpresa, y prende y apaga el agua porque sabe que eso divierte a los visitantes. Aunque es una demostración, me remito a un tiempo en el que el agua realmente se tomaba de la lluvia, llenaba algún tanque y se destinaba a fines útiles.

Salimos del lugar, los dueños-cuidadores  nos sacan unas fotos de visitantes ilustres (están muy contentos de haber guiados extranjeros por esa casita) y finalmente se despiden.  Fuera de esa casa -ubicada en ningún lugar en el tiempo- nos espera el ajetreo de un pueblo chino que -a pesar de ser pequeño y poco poblado- no puede escapar al hecho de ser multitudinario.

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