Sanhe 三河, retrato del tiempo

Sanhe 三河

Sanhe significa “tres ríos”. Es una aldea antigua y está ubicada en la provincia de Anhui, a media hora de su capital Hefei. Dentro de los pueblitos tradicionales que he visitado, es uno de los pocos que no cobra entrada para ingresar al casco histórico y que además no está lleno de turistas extranjeros. En realidad, no había ningún turista extranjero a la vista… sólo mi amiga y yo, por lo que llamamos la atención de todos  y nos convertimos -sin quererlo-  en el acontecimiento extraordinario del día.

Viaje de ida a Sanhe: 

Fuimos en un mini-bus (en general los colectivos para ir entre pueblo y pueblo son pequeños) y el chofer estaba completamente loco. Aunque no aceleraba mucho, tenía la frecuente poco-sana costumbre de cruzarse al carril contrario todo el tiempo. Y encima se iba riendo mientras tomaba su té en frasco de vidrio. El viaje debe haber sido de 40 minutos, pero con ese loco al volante parecieron más de dos horas.

 

Llegada a Sanhe

Llegamos a una estación y la mujer-guarda del colectivo (en todos los colectivos de China suele haber dos personas: “quien conduce” y “quien cobra y da órdenes a los pasajeros”) nos gritó con voz chillona  y gestos elocuentes “Sanhe”, “Sanhe”. Bajamos, pero no encontramos nada. Ninguna aldea, ninguna villa, sólo una ciudad china como cualquier otra. Llena de autos, de comercios, de ruido y de personas.

Cuando estábamos mirando hacia todas partes, de repente y de la nada, apareció Él. Se nos acercó silencioso, nos mostró un cuadernito con fotos y con gestos y mímicas nos indicó que allí nos llevaría. Nosotras le contestamos con sí rotundos -no nos quedaba más remedio-, pagamos el  precio y subimos a la aventura.

Nuestro guía de Sanhe
Nuestro guía en Sanhe
La aldea, o sus lugares históricos, comenzaban a una cuadra de donde nos había dejado el colectivo. Podríamos haber caminado pero… ¿A quién le preguntábamos? ¿Qué le preguntábamos? (sólo teníamos la información de que ese era un pueblo tradicional, pero no sabíamos que encontrar allí exactamente).  Arriesgarse a caminar hacia otro lado era arriesgarse también a no volver al punto de partida, porque todos los lugares hacia los cuales se podía caminar lucían muy similares.
Sanhe casco histórico
Entrada al casco histórico de Sanhe
Nuestro guía quedó también muy feliz con el paseo. Estaba orgulloso de conducir a las únicas turistas extranjeras del día (o quizás de la semana o del mes). Cada vez que parábamos en algun lugar,  la gente se le acercaba para hacerle preguntas, qué de dónde éramos, qué hacíamos, y el respondía solemne “aguentín-aguentín” (argentinas).
Sanhe templo
Dentro de un templo de Sanhe

El tour tuvo varias paradas: museo, templo, pagoda, puentes viejos, memorial histórico (todo en chino, por lo cual no pudimos saber de que se trataba). Por último, caminamos por las callecitas centrales del pueblo, angostas, empedradas, llenas de personas y de pequeños restaurantes con palanganas repletas de tortuguitas, anguilas, langostitas de mar y otros manjares. También había chicas que -de cuclillas y arrinconadas en algún lugarcito- limpiaban pescados o pelaban gallinas para cocinar el menú del día.

Además, a los costados de las callecitas, había otras callecitas más pequeñas -casi pasadizos donde sólo entra una persona- que conducían hacia las puertas de la casa. Por mala suerte del destino, no tengo fotos de esos momentos.

Sanhe calles
Las callecitas de la aldea Sanhe
Sanhe puente
Vista de un puente de Sanhe

En el intermezzo del paseo, la bicicleta se detuvo en la puerta de un restaurante. “Aquí vamos a comer”, nos dijo en chino y lengua de señas nuestro guía. La dueña del restaurante, al vernos, se puso muy contenta y sonriendo -no sin cierta avaricia- nos mostró el menú.

No sabíamos que pedir (queríamos alguna verdurita) y cuando se dio cuenta de que no entendíamos nada nos fue señalando cada uno de los ingredientes que tenía en una mesa a la vista, Oficialmente, sólo pedimos un zucchini chino con huevo (que no es ni calabacita ni zucchini, es verdura china), pero terminamos comiendo el zucchini  junto con una caterva de comida encajada de prepo:  tofu de soja estilo cartón, pato, sopa, un plato grande de arroz y otras verduras.  La cuenta fue el doble de lo que hubíeramos pagado por eso en cualquier otro restaurante… Sin palabras aquí.

Sanhe
Vista hermosa de Sanhe: uno de los tres ríos con sus casitas

Viaje de vuelta a Hefei

Por la locura del chofer que nos condujo en el viaje de ida, me daba un poco de miedo tomar el colectivo de vuelta, pero no había otra alternativa. Por suerte, el segundo chofer era mucho más tranquilo… al menos hasta la llegada a Hefei. Allí, se detuvo delante de un semáforo en rojo, apagó el motor, y sin decir nada, se bajó del colectivo, prendió un cigarrillo, cruzó la calle y se fue, dejando al vehículo estacionado en el medio de calle.

El ayudante esperó pacientemente un momento y luego -con mucha calma- tomó los controles. El muchacho, bastante joven, tenía un problema grave para controlar el embriague y el colectivo comenzó a andar a los saltos. Nos miramos con mi amiga -éramos las dos únicas pasajeras que quedábamos- y decidimos bajar.  Le tocamos timbre varias veces, pero no nos hizo caso. De repente, dobló, frenó de golpe, estacionó el colectivo en el medio de la calle y nos abrió la puerta. Bajamos del colectivo matándonos de risa y empezamos a buscar alguna parada para tomar algo para volver a casa.

SanHe
Última imagen de Sanhe

Nota: no es mucho lo que se puede encontrar sobre la ciudad de Sanhe, y no hay que confundirla con otra ciudad de nombre similar en la provincia de Hebei. Dejo aquí un enlace de Anhui Travel (el sitio oficial de la provincia de Anhui) para que se sepa un poco más de este lugar.

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