Palmeras, selva, desierto…. y otra vez las palmeras

La primera impresión que tuve de Costa Rica, más allá de la tierra árida y de las jaulas para revisar valijas del Paso Canoas, fueron las palmeras.

palmeras de costa rica
Palmeras en la ruta, Costa Rica

Al costado de la ruta, abundan las palmeras. Palmeras, palmeras altas, palmeras gorditas, palmeras enanas, palmeras cultivadas en serie por la mano del hombre. Hay también palmeras salvajes que se salen de las alambradas, como queriendo escapar de un destino forzado de producción masiva de fruta.

palmeras salvajes de costa rica
Palmeras que se escapan de la ruta, en Costa Rica
saliendo de san josé
Saliendo de San José a La Fortuna

Y cuando nos cansamos de las palmeras, llega la riqueza y la variedad de una selva abonada con minerales de volcán. Nos encontramos en La Fortuna, un pequeño pueblo que hizo su fortuna turística tras la desgracia de una erupción volcánica a mediados de los años cincuenta. En ese punto preciso del mapa, casi todo es pura vida: las orquídeas lilas que sobresalen de los bordes salvajes de la ruta, los mariposarios que prometen caminatas largas al abrazo del calor de la selva, las flores de nombre desconocido y pétalos cerrados  o los pájaros que sobrevuelan el paisaje. Aqui, la lluvia se convierte en una compañera persistente y pegadiza, aunque a los cebúes que pastan parsimoniosos en los campos no parezca molestarles demasiado.

la fortuna
La selva en La Fortuna, Costa Rica
salida de la fortuna
La selva, en los alrededores de La Fortuna

Sin embargo, bastarán varios kilómetros de viaje al norte de La Fortuna para constatar que la selva le da la espalda a un desierto que aparece abrupto. De repente, el suelo se agrieta y  los árboles muestran una corteza que se abre en capas, esperando recibir gotas de liquido que difícilmente llegarán. En estas tierras de aspecto yermo, se levantan orgullosos los silos y las plantaciones de frijoles negros que le dan identidad a la gastronomía de Costa Rica. A la vera de la ruta, más desapercibidos, aparecen puestitos de venta de sandía, sin vendedor o clientes a la vista.

tierra seca
Comienzan las tierras áridas… Adiós a la selva
silos
Silos de arroz

Varios son los pueblos que acompañan el camino y que, inexorablemente, se mimetizan con el desierto que los envuelve. Nadie parece habitarlos, sensación que se multiplica a la hora de la siesta. No se sabe si, de hecho, no hay nadie o si la gente sólo busca resguardarse de un sol que no da lugar a sombra alguna. Las plazas están vacías y las canchas de beisbol respiran el polvillo que levita en el aire. Así nos recibe Liberia, la más árida de las ciudades que hemos visto.  Cuando nos vamos, frente a la terminal, nos saluda el cartel de un adivino piel roja que, vestido con su corona de plumas,  promete adivinar tu destino.

cementerio de autos
Autos que descansan al costado de la ruta, en el norte de Costa Rica

Y bajo ese calor sofocante, nadie adivinaría que sólo a treinta kilómetros vuelven las palmeras, que le dan la mano al aire fresco y hacen olvidar que tan sólo,  hace cinco, horas existió una selva de suelos volcánicos…

playas del coco
Vuelven las palmeras en Playas del Coco, Costa Rica

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