Nanjing, laberinto circular hacia ninguna parte

La ciudad de Nanjing

Nanjing, capital del sur de China. Cuidad de la ocupación japonesa en los años 30. Ciudad con memoria, ciudad de la nueva República, ciudad enorme. Enorme para alguien acostumbrado a las multitudes argentinas, pero no para nuestro voluntario-involuntario guía citadino (que se acercó para preguntarnos si estábamos perdidas al ver el mapa y decidió orientarnos), quien nos dijo que se había mudado a una ciudad pequeña y tranquila como Nanjing -de siete millones de habitantes en el área urbana y nueve en el área suburbana- para buscar una mejor calidad de vida que en su Beijing natal.

Nanjing es una ciudad muy moderna y cosmopolita. Está llena de parques y de verde, y en uno de sus extremos corre un río. Un enorme puente carretero de diseño vanguardista  lo atraviesa, y de lejos le da una vista espectacular. Pero de cerca, las cosas son más oscuras porque muchas personas se suicidan o intentan allí suicidarse. Sucede que cada año, miles de trabajadores van desde pueblos remotos a la gran ciudad para buscar mejores horizontes y, al fracasar en el intento, deciden quitarse la vida. También hay un hombre que cada día recorre el puente en una motito para persuadir a los posibles suicidas de no llevar sus planes a cabo.

Nanjing
Un templo de Nanjing

Una de las partes principales de la ciudad es el antiguo Templo de Confucio. Está bordeado por uno de los brazos del río y sus calles aledañas están llenas de mercaditos y negocios de todo tipo.

Hola Nanjing
¡Hola!

Nanjing fue una de las primeras ciudades chinas que conocí y que me enfrentó a algo a lo que más tarde terminaría por acostumbrarme: las escalas de sus mapas. Si las ciudades de China son grandes, los mapas son pequeños -o hechos a una escala no proporcional a la realidad- para que  toda la ciudad pueda entrar en un papel plegable. También descubrimos que la mayoría  de los mapas están escritos con caracteres, lo cual hace muy difícil poder leerlos.

Por eso, durante nuestro segundo día allí, mapa en mano, decidimos visitar el enorme parque donde se encuentra la mayoría de los atractivos de Nanjing: el museo del Koumitang, una vieja pagoda, un lago y algunos otros museos. Fuimos en subte y cuando bajamos, calculamos que tendríamos que caminar unos doscientos metros para poder llegar a destino.

Anduvimos unos diez minutos y llegamos a un parque, donde había una feria con todo tipo de comidas secas (frutas, verduras, animales, cosas desconocidas). Lo que más se destacaba era un tipo de pescado muy oloroso que parecía gustarle mucho a  las moscas. Caminamos y después de un rato nos dimos cuenta que ese parque no era el que estábamos buscando.

Como había otro parque enfrente,  fuimos hasta allí. Detrás de la entrada, que tenía unos pequeños muros de piedra, había personas que bailaban valses al ritmo de una música desentonada de radio. Recorrimos un poco el lugar y también nos dimos cuenta que allí no había ni museo ni pagoda.

Extrañadas, nos detuvimos para mirar nuevamente en el mapa y advertimos que ambos parques no tenían nada que ver con el que estábamos buscando, que estaba localizado más allá. Según el mapa, parecían otros doscientos metros, pero a medida que avanzábamos nos dábamos cuenta de que eran más y más. Finalmente, después de mucho caminar (y de preguntarle a varias personas, entre ellas el peluquero que nos vino a salvar) pudimos encontrar la entrada. Pero allí sucedió lo mismo: el parque, pequeño en el mapa, era terriblemente grande. Calculamos otras cinco cuadras para llegar al museo pero se terminaron convirtiendo en muchas más.

Pasamos por un lago, lo atravesamos por completo, pero seguíamos sin hallar nuestro destino. Algo más tarde, encontramos un camino y pudimos llegar. Ya era bastante tarde y no había nadie que hablara inglés. El precio de la atracción sumado al poco tiempo que teníamos para recorrer -ya que a la tarde debíamos volver- nos disuadieron de visitar el museo. Un poco decepcionadas, decidimos tomar un colectivo que nos llevó de paseo por el parque y que paraba en cada una de las atracciones turísticas. No nos bajamos, pero al menos pudimos divisarlas.

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