Isletas de Granada: escapando del calor de la ciudad

Las isletas de Granada: Nicaragua y los secretos del lago Cocibolca

A veces, se puede hacer un poco difícil permanecer en Granada, sobre todo durante las tardes y los mediodías, cuando el calor agobia tanto que casi ni se ven personas en el centro y lo mejor para cobijarse parece ser el aire de los ventiladores. Sin embargo, fuera de la ciudad, existen opciones donde la brisa corre y donde se puede pasar el mediodía sufriendo un poco menos las altas temperaturas.

Una de esas opciones es dar una vuelta por las “Isletas de Granada”, ubicadas en el lago Cocibolca. El paseo sólo se puede hacer por excursión y el precio aproximado por persona es de unos doce dólares (de todas maneras, recomiendo consultar en el pueblo, ya que las tarifas pueden variar según la temporada).

Para llegar al lago, lo mejor es tomar un taxi, ya que el punto desde donde salen las lanchas está un poco alejado de la ciudad (se puede arreglar con el mismo taxi para que te vaya a buscar). Recomiendo llevar agua,  protección contra el sol y algo para comer.

El lago Cocibolca y una primera impresión

Cuando vi por primera vez la costa del lago Cocibolca y los muelles desde donde se va hacia las isletas de Granada, mi reacción fue la de huir… Sin dar mayores rodeos, tengo que decir que el lugar era feo, tirando a espantoso. El agua se veía sucia (vaya y pase, íbamos a navegar), la arena era pedregosa “no apta para caminar” (vaya y pase, teníamos calzado), el sol pegaba con todo (póngase el sombrero antes de huir) y el único árbol que se veía cerca de la costa cobijaba en su sombra a un vigilante con una escopeta (huya cobardemente, esto es realmente  feo).

isletas de Granada comienzo del viaje
Primera vista de la costa del lago Cocibolca

Como si todo esto fuera poco, las famosas isletas se divisaban apenas como un conglomerado de piedras negras que se perdían en el horizonte y por las que ni valía la pena hacer una excursión en lancha.

De todas maneras, ya estábamos ahí y decidimos quedarnos. Entre el calor de la ciudad y la promesa de alguna brisa, elegimos la brisa.  Pagamos lo acordado, no sin antes pensar que haber elegido la excursión por las isletas de Granada había sido un error y que lo mejor hubiera sido escalar el volcán y tirarnos a nadar en el cráter.

Un mundo detrás de las orillas

Un hombre que parecía ser el jefe de la empresa de excursiones nos presentó a Wilmar, nuestro futuro timonel, quién nos condujo por el muelle hasta una de las lanchas, que para suerte de los fóbicos al sol venía con techito incorporado.

Isletas de Granada 1
Yendo a las isletas de Granada: el muelle

Al principio, la lancha no quería llevarnos y se puso algo terca, lo cual confirmó la idea de que la mejor opción hubiera sido el volcán. Sin embargo, Wilmar le dio pelea y después de toser un poco, la embarcación arrancó y en un ratito alcanzó una velocidad aceptable.

isletas de Granada el volcan es
En las isletas de Granada, contemplando el volcán Mombacho

Poco a poco, las piedras que se veían en el horizonte se fueron transformando en isletas, y así descubrimos que lo que de lejos parecían manchas insignificantes era un territorio lleno de vida,  vegetación y colores, que crecían a la sombra silenciosa del volcán Mombacho.

isletas de Granada isla del sol
Una isleta tropical

Bastaba ver el paisaje para darse cuenta de que esas islas eran “una isla” dentro de Nicaragua, la isla de la “Nicaragua rica”. Casi cada isleta que vimos, al menos dentro de ese pequeño recorrido, tenía edificada una casa bastante grande. Mientras la lancha avanzaba,  Wilmar, nacido y criado en esa zona, nos iba indicando quiénes eran los propietarios de esas casas: la familia de Sandino, el dueño de la empresa de electricidad de ese país, un norteamericano que había decidido quedarse allí para siempre.

isletas de Granada tres ranchitos
Tres cabañitas ofrecen su sombra en las isletas de Granada
isletas de Granada casa en rojo
Una casa escondida en las isletas de Granada

Durante el viaje, se me ocurrían preguntas que iban desde el nombre de algún pájaro hasta las cuestiones logísticas de la islas, aunque por el ruido del motor se hacía difícil formularlas. Así que preferí seguir un poco el ritmo del agua y dejar algunas respuestas para la próxima entrega.

Después de dar la vuelta por la última isleta (habíamos elegido el tour “breve”), la lancha regresó  a su lugar de origen y el encanto terminó casi tan de repente como había aparecido.

Llegar nuevamente al muelle me dio la misma sensación que haber vuelto del otro lado del espejo, ya que durante media hora habíamos descubierto un mundo aislado y secreto, que de alguna manera le daba la espalda a la Nicaragua que habíamos conocido, pero que -paradójicamente- no podía dejar de formar parte de ella. Las contradicciones están en todas partes, aunque en este caso particular, la habíamos encontrado escondida en forma de paraíso.

Isletas de Granada y lago Cocibolca: algunos datos

 El lago Cocibolca es uno de los más grandes de América. Tiene tres islas -Ometepe, Zapatera y Solentiname-, que están abiertas a los visitantes y una cantidad numerosa de isletas.

La mayoría de las isletas tiene algún propietario, por lo que sólo se pueden ver por fuera. Sin embargo, las empresitas de excursiones ofrecen la posibilidad de hacer paseos más largos que el que hicimos y también te pueden llevar a comer a algunos de los restaurantes que se encuentran en una de las isletas.

En algunas isletas, directamente se puede pasar el día, pagando un derecho de entrada (recomiendo buscar en internet, ellas mismas te dan las instrucciones para llegar). También se puede pernoctar, ya que hay dos hoteles escondidos, aunque los precios deben ser acordes a la propuesta.

Para llegar a las isletas de Granada, hay varios puertos, aunque los principales son el puerto Asese y el puerto Marina Cocibolca. La mejor forma de acercarse es por taxi, con el que también conviene arreglar una hora para volver.

El punto exacto donde se encuentra el puerto Asese no figura en el mapa, aunque la zona Asese, muy cercana a las isletas de Granada, queda a unos cuatro kilómetros del centro de la ciudad.

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