Huainan – casa de la “Casa Piano”

A conocer la Casa Piano de Huainan

Un día, junto con mi amiga-compañera de viajes chinos, decidimos visitar la ciudad de Huainan, ubicada a casi 100 kilómetros al norte de Hefei.  Antes de partir, no sabíamos muy bien con que nos íbamos a encontrar. Sólo teníamos referencias (sacadas de internet) de que allí existía  “la casa piano”.

Tomamos el tren y cuando llegamos, nos acercamos a un grupo de taxistas, para pedirles que nos llevaran a la atracción principal de la ciudad. Como no teníamos idea de las palabras en chino para “casa piano” o “piano”, no nos quedó otra que imitar un concertista que tocaba teclas imaginarias en el aire. Los taxistas, ademas de mirarnos como si fuéramos dos extraterrestres recién salidas del horno, nos respondían con frases como “no hay”, “no existe” y “perdón, no entiendo”.

En eso, llegó una chica y nos ofreció ayuda. Apenas hablaba inglés y nos dijo que no conocía la casa piano. Nos comentó que había llegado a Huinan para visitar una  amiga, y que podríamos preguntarle a ella. Nos invitó a tomar un taxi, y al no poder comunicarnos con nadie más, decidimos acompañarla. Fue así que nos condujo al parque principal de la ciudad.

Monumento en un parque de Huainan (pero no es la Casa Piano)
Nuevas amigas en Huainan

Mientras caminábamos por el lugar, nos pusimos a conversar con nuestras nuevas amigas. Nos contaron que estaban estudiando en la universidad y que habían tomado un día libre para pasear y olvidarse de sus problemas. También nos hicieron muchas preguntas sobre Argentina y sobre como fuimos a parar a su país. La charla fue muy interesante porque ambas partes buscábamos hacernos entender, no importaba si era a través de señas, muecas o dibujitos.

Una vista del parque de Huainan

Mientras “conversábamos”, tomamos algunas fotos del parque que -con sus correspondientes lagos, puentes y casitas de descanso- se presentaba ante nuestros ojos como un pequeño paraíso, inserto en el medio de la jungla china de asfalto.

Hermoso puente en Huainan

Además, como la mayoría de  los parques orientales, era un lugar preparado para el encuentro social. No había  mucha actividad ese día (tal vez llegamos un poco tarde),  así que aproveché para hacer algo de ejercicio.

Haciendo ejercicio en el parque…

Más tarde, invitadas por nuestras amigas, fuimos a comer a un restaurante-comedero chino. Cuando terminamos,  nos llevaron a un shopping para dar una vuelta y tomar algo. Allí nos dijeron que  tenían que despedirse porque necesitaban hacer un trámite.

Nos sentamos en una cadena de Estados Unidos para tomar un café (las cafeterías en China no existen), sin saber exactamente que hacer. En ese momento, aparecieron dos chicas (Ann y Susy eran sus nombres ingleses), que -tímidamente, pero solo al principio-  vinieron a darnos charla. Hablaban inglés perfectamente y nos contaron que estaban en el último año de la secundaria, preparándose para rendir el Gao Cao (el gran examen que define el ingreso a las universidades en China). Aprovechamos a preguntarles por la casa piano y se ofrecieron a acompañarnos.

Mientras íbamos en un taxi, nos contaron que era la primera vez -durante todo su secundario- que se tomaban una tarde libre, ya que cada día y cada noche debían estudiar. La rutina de la escuela secundaria es muy dura en China y por eso los adolescentes suelen dormir sólo cuatro o cinco horas diarias durante esta etapa, a la muchos denominan “el infierno”.

Al fin llegamos a nuestro objetivo y pudimos ver, por primera vez en nuestras vidas, la mayor atracción turística de Huinan. En rincones perdidos de internet, hay personas que sugieren que la casa piano es una de las construcciones más extrañas del mundo. No lo sé. El pianoforte y el gran contrabajo son instrumentos demasiado occidentales, pero la idea de construir una casa de este tipo se ha escurrido de las mentes de los arquitectos de este hemisferio.

La casa está completamente deshabitada (no funciona en ella siquiera un museo o un edificio público) y tampoco se puede ingresar para conocerla por dentro. Así que caminamos, recorrimos, comimos acerolas acarameladas y sacamos fotos mientras el frío nada sutil del otoño chino comenzaba a helar nuestros huesos.

Casa Piano de Huainan
¡Por fin!: la Casa Piano de Huainan
Casa piano de Huainan
La casa piano de Huainan
Un poco más tarde, cuando el sol estaba cayendo, las chicas nos acompañaron a la estación de tren. Nos despedimos y nos dijeron que volvían a estudian, pero que estaban muy contentas por habernos conocido y por haber practicado su inglés con nosotras. También se quedaron con ganas de visitar nuestro país. Espero que, algún día, esto pueda concretarse.

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