¡Hola Bangkok!

Bangkok. Nuevamente una super-mega-ciudad asiática que, como todo en este continente, está llena de contrastes y de cosas por descubrir.

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En Bangkok hay ruido, multitudes, rascacielos,  grandes shoppings, y un sistema de tren urbano, que silenciosamente y mirando la ciudad por arriba,  conecta todo con todo. Cada una de sus paradas, me permite escuchar la lengua tailandesa (me cuesta percibirla en el habla de las personas) llena de “iiesss” y  de vocales alargadas.

Mientras voy a algún lugar, se me ocurre mirar a los pasajeros: los turistas europeos con mochilas carísimas, los adolescentes que van o vuelven de la escuela, un monje que sube y alguien que le ofrece su asiento. De repente, veo que de la misma manera que existe un asiento que se debe ceder a embarazadas o personas con problemas de movilidad, también hay un asiento que, según indica la señal,  debe ser cedido a los monjes.

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Pero el tren no es el único transporte. Hay colectivos urbanos, motos que te llevan a destino, tuk-tuks, taxis, de todo un poco. Y cuando se acaban las opciones por tierra, llega la alternativa por agua, y se puede hacer  un barco-tour.

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Durante mi paseo, me doy cuenta de que la foto del rey está por todas partes, omnipresente, vestido de blanco o dorado, rodeado de un alfabeto que no puedo comprender. A veces, aparece con su señora o con alguien de su familia, aunque casi siempre está solo (como no le saqué ninguna foto a las fotos del rey, tomé una de Wikipedia).

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Y de repente…
Después de visitar varios lugares, llegamos a la terminal para comprar pasajes a Krabi. No sé por qué, estamos un poco apurados y aceleramos el paso. Queremos conseguir algún pasaje en tren. De pronto, sucede algo mágico: todos se detienen, nadie se mueve. Sin darnos cuenta, somos los únicos que -como si hubiéramos dado un salto en el tiempo- seguimos caminando. Paramos. Y así, como si nada, la gente comienza a caminar nuevemente y vuelve el ajetreo de la ciudad.Sucedió, pude enterarme después, que estaba sonando el himno nacional y es obligación de la gente detenerse un momento, para no faltar el respeto a su país.

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