Granada, primera parada de Nicaragua

Si Nicaragua nos recibió a la velocidad impresionante de los regateos de frontera (había que subir a los turistas desprevenidos lo más rápidamente posible al “chicken bus” para no perder la comisión), la ciudad de Granada, nuestra primera parada oficial, nos recibió -ya pasado el mediodía-   con la somnolencia que sólo las tardes de pueblo conocen.

El chicken bus nos dejó a un costado de la ruta y el conductor nos indicó -a las apuradas y casi echándonos-  que en ese lugar era necesario tomar otro bus. Sin saber bien que hacer, caminamos hacia una especie de rotonda que se encontraba a pocos metros. Por suerte, en el medio de ese calor, alguien se dedicaba pacientemente a pelar frutas en un puestito improvisado. Clientes no le deben faltar, pensé, ya que ese lugar parecía ser un punto fuerte de entrada y salida de pasajeros.  Además, bajo un sol que deshidrata fuerte, nada es mejor que un poco de agua y azúcar.

Apenas alcanzamos a comer algo, cuando pasa una buseta, le gritamos si va a Granada y nos dice que si. El viaje tarda poco y, en menos de quince minutos, estamos pisando por primera vez suelo granadino.

Entrada de Granada
Entrando a la ciudad de Granada, en Nicaragua

¡Hola Granada!

Dentro de Granada, el calor de América Central aumenta exponencialmente. Si en la frontera era soportable, aquí parece que cualquier corriente de aire se quedara estancada entre las casas de paredes bajas. No hay viento, no hay aire, y casi no hay personas. Los pocos que se ven están dentro de un bar, intentando refugiarse a la sombra de los ventiladores. Por suerte, una señora pasa vendiendo agua fresca -viene envasada en bolsita y no en botella- y es la más barata que hemos visto en mucho tiempo. Sin embargo, el agua se consume tan rápidamente, que pronto será necesario encontrar otra señora o, en su defecto, algún mercado o puestito.

Después de caminar unas calles y pasar una peluquería tradicional, llegamos a la plaza de armas, que también está desolada a esa hora (aunque más tarde se llenará de gente y vendedores). La catedral está cerrada y parece acompañar ese silencio inmenso.

vista aérea de Granada
Plaza central de la ciudad de Granada, en Nicaragua

Algo cansados, intentamos llegar a la casa de huéspedes que habíamos acordado. Las direcciones no son precisas, pero la dueña nos dijo que así se manejan las cosas en ese lugar: tomando como referencia los bares o los mercados antes que los nombres de las calles.

La casa está muy cerca de la plaza central y se parece a la mayoría de las viviendas coloniales de esa región de Nicaragua. En su entrada, tienen uno de esos patios delanteros cuyos portales quedan abiertos hasta bien entrada la noche, mostrando a sus habitantes sentados y descansando tranquilos. Adentro, las habitaciones tienen “abanicos”, que -al menos a la noche- son suficientes para lidiar con las temperaturas del lugar. Casi enfrente, un comité de trabajadores recuerdan la figura y el sombrero de Sandino.

Calles de granada
Las calles de Granada, en Nicaragua

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