Dong Ha: de paso por la ciudad vietnamita

Dong Ha: pasaba por ahí

Llegamos a Dong Ha, sin saber que buscar o que encontrar, ya que habíamos tomado esta ciudad (ubicada geográficamente en el centro de Vietnam) como una bisagra para torcer el camino y  cruzar hacia Laos.

Dong Ha nos recibió selvática y calurosa, aunque con una brisa que suavizaba el verano (o más bien “la estación húmeda”). También nos recibió con una estación de tren llena de moto-taxis dispuestos a llevarnos a algún destino o a sugerirnos sus propios alojamientos. Así fue que nos pusimos a charlar con dos mototaxistas personajes de la vida, a quienes les indicamos el alojamiento más barato de nuestra guía de viajes. Como no podía ser de otra manera, los hermanos macana eran muy amigos del dueño, y por eso se pusieron más que contentos (¿Comisión en puerta?).

El dueño de la casa de huéspedes también era medio personaje, aunque bastante más taciturno que sus amigos motoqueros. Nos contó que era veterano de guerra y que suele hospedar a ex-soldados norteamericanos que cada año vuelven  para visitar ese lugar tan significativo.

Dong Ha 1
El hotelito de Dong Ha

Estuvimos poco tiempo en Dong Ha, porque aunque allí hay algunas atracciones, todas están ubicadas fuera y la única manera (al menos que pudimos averiguar) para visitarlas era a través de un tour contratado.  Por eso  decidimos salir y pasar el día en la vecina Hue.

Algunas postales curiosas de Dong Ha

El regreso a Dong Ha,  por la tarde luego de haber visitado Hue,  nos encontró con una calle en construcción y  con un trabajador vial que había hecho una hamaca paraguaya dentro de una aplanadora de más de dos metros. El compañero estaba ahí, tranquilamente sentado, mirando como caía el atardecer en el monótono paisaje.

Caminando un poco más, nos recibió un panorama mucho más tranquilo que el de Hanoi: los bares de la tarde-noche abiertos para ir a tomar el té, pero con las veredas vacías y con pocas personas dentro de los locales. Ese mismo día, también era día de festividad religiosa y por eso pudimos ver mesitas en las veredas que, como si fueran altares, sostenían estatuas de budas, racimos de frutas y billetes falsos quemados al humo de los inciensos.

A la noche fuimos a comer a un pequeño restaurante abierto, en el cual pude fotografiar a  dos mostras que se batían a duelo cerca de las luces. La dueña del restaurante, tan temible como las mostras que adornaban  su local, decretó cuál sería nuestra cena: bifes a lo mostro, una especie de “bifes a la criolla”, pero con arroz en lugar de papas. Finalmente, fuimos a descansar a nuestro hotel de lujo, esperando viajar a Laos al día siguiente.

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Dos mostras dispuestas a la disputa por el reinado de Dong Ha

 

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Una rica cena en Dong Ha

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