Buscando habitaciones de alquiler en La Habana: pequeña aventura urbana

Intentando encontrar habitaciones de alquiler en La Habana…

En una entrada anterior, Habitaciones de alquiler en Cuba: guía práctica para usuarios, describí el funcionamiento de las rentas de cuartos privados en la isla. Sin embargo, en esta entrada, voy a relatar cómo fuimos descubriendo este sistema un tanto particular. Sucede que  antes de nuestro viaje a Cuba, no conocíamos bien cómo se podían conseguir habitaciones de alquiler en La Habana. Así que no nos quedó otra que aprender a la fuerza de improvisaciones, de perdernos un poco en la ciudad y de intentar esquivar alguno que otro timo.

habitaciones de alquiler en La Habana
Buscando habitaciones de alquiler en La Habana

Dos historias habaneras

Buscando habitaciones de alquiler en La Habana Vieja.

La búsqueda de habitaciones de alquiler en La Habana comenzó y termino de manera bastante caótica. Habíamos pasado la noche en el hotel El Bosque (también conocido como hotel Kohly) y el plan era ir hacia el centro, apenas asomara la mañana,  para encontrar alguna casa con cuartos libres. Esto parecería fácil, si no fuera porque no contábamos con datos de ninguna casa concreta (mal de nuestra parte, pero antes de llegar no sabíamos que internet funcionaría tan mal en Cuba).

El otro problema era que estábamos como a ocho kilómetros de los barrios céntricos de La Habana, en un lugar muy bonito pero algo aislado. Buscamos algún tipo de transporte público que nos acercara, pero todos parecían conspirar y nos decían que el taxi era la única salida. Salimos a caminar para ver si encontrábamos algo, pero las sospechas de conspiración se volvieron reales, ya que en la calle sólo nos ofrecieron autos y taxis particulares, a precios bastante altos.

Cuando no nos quedaba ninguna esperanza, en la puerta del hotel apareció un Audi (si un Audi), cuyo conductor nos ofreció una tarifa más barata que los otros coches y accedió llevarnos al centro. En el camino, nos dijo también que hacía viajes de larga distancia y nos entregó su tarjeta.

Como no teníamos una dirección precisa, le pedí que nos llevara a algún punto de Habana Vieja. El conductor nos dejó en los límites del barrio, ya que por las peatonales y por las obras de refacción de cañerías, varias calles estaban cerradas a los coches.

El clima de Habana Vieja se veía muy distinto al del barrio de Kohly, sin árboles, con mucho cemento y con el ritmo frenético de una ciudad moderna que contrastaba con los edificios coloniales y los autos de los años cincuenta.  Bastó que nos bajáramos del taxi para encontrarnos con un chico que ofrecía invitaciones al “Club de la Salsa”. Apenas terminamos de hablar con él (nos dio su tarjeta y todo) nos metimos en un bar para preguntar si conocían alguna habitación de alquiler. No sabían nada, pero justo cuando estábamos preguntándole al mozo… apareció de la nada una chica que decía ser una “guía turística certificada por el estado”.

Nos dijo que nos iba a ayudar a buscar habitaciones, y que tenía un registro que le permitía trabajar con los turistas. Como eso sonaba medio raro, le pregunté si nos iba a cobrar y nos dijo que no, que tenía una autorización del estado al mismo tiempo que nos mostraba su credencial. Mientras tanto, casi a la velocidad de la luz, nos iba diciendo en qué lugares se podía alquilar. Le volví a preguntar si cobraba algo por sus servicios y me respondió que por qué desconfiaba tanto. La mujer se metió en una casa con total confianza, y saludó a la dueña, que como si ya la conociera de toda la vida y con mirada resignada, le dijo que no tenía nada. La negativa no pareció desalentar a nuestra amiga, que tocó timbre y se metió en la casa siguiente con total confianza.

La casa era una de esas casas antiguas, de techos altos y entrada de escaleras estrechas. Por suerte, tenía habitaciones disponibles. Después de arreglar el precio, la guía turística nos preguntó si teníamos algún regalo.  Como ya me la veía venir, le pregunté exactamente qué quería como regalo y me respondió que si tenía regalitos, como por ejemplo jabones. Lo único que tenía (habíamos viajado muy liviano) eran jaboncitos de hotel. Me dijo que esos no le servían, que quería  de los buenos y me preguntó si tenía alguna propina. Justo tenía unos pesos cubanos, pero me dijo que tampoco le servían y así como llegó, se fue. La dueña de la casa nos retó un poco por haberle dado cabida a la guía, pero bueno, la verdad es que sin ella nos hubiera sido difícil encontrar alguna habitación.

La señora tenía alojamiento sólo por un día, así que al día siguiente nos mandó a la casa de la hermana, que vivía a unas pocas cuadras. Y así, con final feliz, pudimos cerrar nuestro primer capítulo de búsqueda de habitaciones de alquiler en La Habana.

Habitaciones de alquiler en La Habana Centro: una opción más económica

La segunda vez que estuvimos en La Habana, ya veníamos más precavidos sobre el sistema de alquileres y también teníamos una recomendación. No era en Habana Vieja (el barrio más famoso y más visitado por los turistas), sino en Habana Centro, un barrio que limita con Habana Vieja. Las habitaciones costaban la mitad (15 dólares en base doble con baño privado).

Maritza, la señora que alquilaba, también ofrecía unas habitaciones compartidas (dos camas cuchetas) para aquellos viajeros que iban solos o que buscaban una opción más económica. La otra ventaja de este alojamiento era que estaba rodeado de paladares para comer barato, y había para todos los gustos: uno muy barato y feo, otro un poquito más caro que lo normal y muy moderno y otro más común.

Sobre habitaciones de alquiler en Cuba

Antes de ir a Cuba, es mejor saber cómo funciona el sistema de habitaciones de alquiler y por eso escribí los siguientes artículos:

Más consejos para viajar a Cuba

Si de consejos generales para viajar a Cuba se trata, recomiendo estos dos artículos:

¿Tenés alguna experiencia buscando habitaciones de alquiler en La Habana? ¿Estás por viajar y tenés alguna consulta?. Si es así, no dudes en dejar tu comentario. ¡Gracias por pasar!

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