El té en China: bebida popular y tradición milenaria

El té en China

Dicen las estadísticas que si la gente no bebiera “agua pura”, el té sería la bebida más popular del mundo. Sin embargo, un recorrido por las rutas de China deja la percepción de que el consumo de esta infusión supera ampliamente al del agua.

Sucede que para los chinos el frasco de té es tan sagrado como el termo uruguayo para cebar mate. Todos beben té en todas partes: los estudiantes, los profesores, los conductores de autobuses, los oficinistas, los trabajadores, los peatones. Y digo “frasco” porque lo que llevan es un vaso grande de vidrio, con una tapa bastante gruesa y un filtro escondido que permite tomar la bebida sin problemas. En China, solamente los turistas y los expatriados se atreven a probar esa herejía llamada “saquito”.

La leyenda más popular sostiene que, hace más de mil años, el emperador Sheng Nung olvidó un tazon de agua hirviente bajo una planta de “camellia sinensis“. El viento dejó caer allí unas hojas y, cuando el emperador volvió, se encontró con una bebida deliciosa y reconstructiva.

El té en China  es un arte y una ciencia. En algunas universidades, se estudian carreras relacionadas con su cultivo, su historia y su cata. Los supermercados le dedican secciones de estanterías exclusivas, donde es posible encontrarlo empacado en latas o cajas muy bonitas.  En las peatonales y en los shoppings, hay almacenes dedicados únicamente a la venta de esta planta, cuyos escaparates muestran flores perfectas abiertas dentro de grandes tazones transparentes. Es que cada arbusto y cada flor comestible son excusas para preparar infusiones, que además tienen  usos varios en  la medicina tradicional:  las rosas son para las chicas o el crisantemo sirve para aliviar los problemas de la garganta.

Como casi todo en el país asiático, el té en China también es provisto por vendedores ambulantes, que suelen pasear con sus carritos llenos de plantas distintas. En el país que más electrónicos produce en el mundo, todavía utilizan la balanza manual (la misma de la justicia) para pesar su volatil mercadería.

Para no ser ajeno a esta parte tan íntima de la cultura, una de las actividades que se pueden hacer cuando se visita China es ir a tomar el té. Por precaución,  hay que tener cuidado con las personas que andan por la calle invitando extranjeros para ver “la ceremonia del té”. Si alguien por ahí nos cruza, muy amablemente, para ir a ver este ritual, lo mejor es sacárselo de encima o huir (si hay que ser desagradable, no importa). Estas personas sólo quieren estafar a los turistas, llevándolos a lugares donde les cobrarán de más.

Las casas tradicionales de té en China

Para tomar el té en China, lo mejor es ir a una casa tradicional y sentarse un rato. No son baratas (tal vez cuestan algo más que un restaurante estándar), pero vale la pena visitarlas, aunque sea una vez. Estas casas están escondidas -y desde la calle es imposible sospechar su naturaleza-, ya que suelen no tener carteles (como son “exclusivas”, la gente simplemente sabe que están ahí). En otras ocasiones, se encuentran dentro de los límites de los parques, ocultas entre la vegetación.

Allí vamos a ver a gente tranquila, conversando, seguramente intentando escapar de sus obligaciones. Los mozos, muy atentos, traen una carta -escrita completamente en caracteres de mandarín- de seis o siete páginas, todas con distintos tipos de té, con origen y denominación (es algo así como el vino). Cada té que se sirve  proviene de alguna montaña diferente y, por eso hay regiones que, al igual que las uvas que se cultivan en occidente, son más propicias para el desarrollo de alguna variedad particular.

té en China
El té en China: en una casa tradicional

 

Después de haber visto la carta, me fue imposible imaginar los lugares de origen de cada té, seguramente puntos perdidos en la geografía de uno de los países más vastos de la tierra,  o el proceso de elaboración allí detallado. Sólo pude entender “TÉ” (allá le llaman té a lo que aquí denominamos “te verde”), un título que acaparaba casi todas las páginas de la carta y “TÉ ROJO” (lo que aquí llamamos “té común”) un título que llevaba solamente la mitad de la última página. Entre las opciones de “té rojo”, elegimos una al azar y resultó ser un té  delicioso con una rosita en el medio.

 

La bebida venía en tacitas pequeñas sin asas. En lugar de las tradicionales teteritas, nos dieron dos “tubitos de ensayo” un poco más modernos, para prepararlo sobre la marcha (de alguna manera, el té se parece al mate: se “ceba” un poquito, se toma un poquito y así sucesivamente hasta que las hebras quedan lavadas).

té en china
Tacitas para beber té en China

Los puestitos de té en China

De la misma manera que hay casas sofisticadas, con cartas de seis páginas con varietales de té diversos, también existen puestitos que venden la infusión en vasos de plástico. Son sucuchitos chiquitos que tienen detrás un montón de frascos con polvos de todos colores (más parece una industria química que un puesto de té). Generalmente, después de que preparan la bebida, sellan el pote con una máquina plastificadora, por lo que queda algo muy parecido a una tapa de yoghurt.

La primera vez que fui a una de estas casas, estaba en Beijing, sentía mucho frío y necesitaba entrar en calor. Entré y pedí algo que en mandarín se leía como  “té rojo” y como resultado me dieron la bebida más fea del mundo. Era una cosa rojiza, con un sabor mezcla entre durazno y naranja artificial, de un dulzor edulcorado que hacía rechinar el paladar. Sin lugar a dudas, era lo “kischt” del sabor. La segunda vez que andaba con frío, me arriesgué y pedí un café y podemos decir que acerté (era un café instantáneo con algo de leche, pero estaba rico). La última vez que estuve en uno de esos lugares, por consejo de un amigo chino, pedí un té de limón que resultó ser muy bueno.

Consejo: arriesguen o pidan café. Lo demás es poesía.

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