¡A pescar!

En una de las calles centrales de Tong Li,  se puede ver  un señor que, siguiendo una antigua tradición china, pesca con cormoranes.

Como se observa en la foto, estos cormoranes están muy bien entrenados para no salir volando fuera de los límites de la pequeña barcaza.  En algún punto del día, su dueño les coloca unos anillos en el cuello, que les impiden tragar a su presa cuando saltan al agua para alimentarse. Los animalitos, al salir del agua con un pescadito en la boca,  se desesperan, aletean,  graznan y patalean. En ese preciso instante, su amo los toma hábilmente y -en pocos segundos-, les sujeta las alas con fuerza, les saca el pescadito -semiatragantado en el buche-  y lo guarda en su pequeño balde.  Es así como, hambrientas durante un largo tiempo, las aves le van dando de comer a quien los espera tranquilamente sentado.

 

El dueño de estos cormoranes también era alguien muy particular, o simplemente no estaba en su día. Parecía muy enojado, mascullaba entre dientes, le gritaba a los traseúntes y escupía furioso en la barca. No era como para acercarse a él y preguntarle si el destino final de sus pescaditos era la cacerola o la sartén.

Dicen por ahí que todavía existen rincones de China donde este tipo de pesca sigue siendo un medio real de vida y no sólo una atracción para los turistas. Lo que es verdad, es que hace más de mil años, los pescadores salían, junto con sus cormoranes, en sus barcazas -casi cada noche- para asegurarse su sustento diario. También he visto fotos de la provincia de Guanxi (en el oeste de China), donde estos pescadores utilizaban unas barcazas mucho más primitivas -construidas en bambú-, mientras salían a pescar directamente en el río.

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